Glencree: cuando la palabra no es perdón sino curación.

Los lugares también tienen memoria. En el siglo XVIII Glencree era un cuartel militar construido por el poder británico en las montañas de Wicklow, al sur de Dublín, para contener la sublevación de 1798; después se utilizó como orfanato, administrado por la Iglesia Católica… hasta que hace veinte años se llenó de otro contenido:  es un Centro para la Paz y la Reconciliación.

Tras sus muros la palabra que más escucha es “healing”, curación, un término que define su particular forma de entender el proceso político de negociación y fin de la violencia.

Para quienes allí acuden, el diálogo es un proceso hondo e individualizado que tiene valor por sí mismo. La aspiración no es resolver conflictos sino conseguir que víctimas y verdugos no alimenten la espiral de la violencia.

Se trata de algo más que de buena voluntad. Glencree ha logrado sentar en “la misma mesa” a partes largamente enfrentadas. Por ejemplo, en los primeros tiempos, organizó viajes conjuntos a Sudáfrica de políticos que no se conocían ni compartían espacios físicos en la sociedad norirlandesa dividida en guetos pero que con el tiempo se convertirían en los protagonistas del proceso de paz en aquel país. Ahora ha conseguido que los unionistas del DUP y los políticos de la Irlanda republicana del sur acepten encontrarse, precisamente en un momento en el que la desconfianza parecía hacer imposible este tipo de salida. También están presentes en Colombia, Haití o Sri Lanka.

Estas son algunas claves de su método:

• Los protagonistas del encuentro deciden su agenda, que luego se pone en común.
• El desarrollo de la estancia, normalmente de un fin de semana, y de las deliberaciones, es controlado por los responsables de Glencree, con ayuda de voluntarios internacionales que residen en el centro, que funciona también como albergue.
• El requisito que todos han de cumplir es que el personal de Glencree no revelará nunca el contenido de las conversaciones y que los protagonistas no podrán atribuir a ninguna persona concreta lo que han oído allí.
• Una vez sentados en la misma mesa, las víctimas y los perpetradores de crímenes inician su conversación mirando hacia el pasado antes de hablar de futuro.
• No tener prisa.
Cambiar el vocabulario, para evitar connotaciones dolorosas. Glencree llama ‘ex combatientes’ a los soldados, policías o ex terroristas que acuden al centro, con el afán simple de evitar que el uso de una palabra determinada impida el comienzo de su trabajo.
No se busca la escenificación del perdón sino que las partes enfrentadas acepten dar pasos que favorezca la convivencia… La experiencia demuestra que quienes han perpetrado crímenes no están dispuestos a pedir perdón… aunque sí lo están a manifestar su lamento por el dolor que ha causado a los otros la pérdida de seres queridos… Las víctimas, por su parte, no persiguen perdonar sino entender por qué razón alguien entró en un grupo terrorista o cómo llegó a la convicción de matar.

El entendimiento estriba en comprender la mutua humanidad de víctima y verdugo, y es allí donde se abre el camino al diálogo.

Glencree ha desarrollado un programa con el nombre ‘Compartir el aprendizaje’, que tiene como objetivo ofrecer las técnicas que han desarrollado y aprender de otras experiencias.

Si quieres saber más sobre esta iniciativa pincha:  http://www.glencree.ie

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